MILO


Amor real…



Alguien citó alguna vez, “Los amantes de los animales son una raza especial de seres humanos, de espíritus generosos, llenos de empatía, tal vez un poco propensos al sentimentalismo, y con un corazón tan grande como un cielo sin nubes. Y en mi opinión, cuanta razón tenía. Lo cierto es que desde que tengo uso de razón recuerdo mi infancia al lado de alguna mascota, pero nunca amé tanto a una como a mi inolvidable Lucy, una poodle negrita como el azabache, que se convirtió en mi más fiel compañera desde mis primeros años de adolescencia hasta convertirme en adulta y en mamá, incluso Saúl y David pudieron conocerla aunque ya no pudieron disfrutar de su etapa de juegos y mimos que ella acostumbraba a regalar.






Transcurrieron muchos años de resistirme a volver a sufrir la partida de otro animalito que inevitablemente se convertiría en parte de mi familia, pero esta vez con la sensibilidad de niños involucrados aparte de pensar una y otra vez en la responsabilidad que agregaría a mis ajetreados días como mamá de dos.




Para David sus paseos favoritos consistían en alimentar a los patos, era inmensa su alegría al estar con ellos, cuando salía con Saúl y David y alcanzaban a ver a algún perrito ambos enseguida suspiraban y frases colmadas de ternura era lo que expresaban por ellos, si les veían perdidos o lastimados era enorme y genuina la compasión que despertaba en ellos, tanto que debía estacionar mi carro hasta lograr sujetarlo y esperar el reencuentro con su amo, lo cual hasta la fecha nos es imposible evitar hacer y al visitar la casa de su abuela paterna o de algunas de sus tías, que también son amantes de los animales, David enseguida quería tocarlos, abrazarlos y brindarles todo su amor y al ver esto, yo solo sonreía porque aún sin dejar mis deseos al descubierto, yo también moría por tener uno en casa. Pero como las mejores cosas de la vida suelen ocurrir, que llegan sin esperarlas, pero con el más bello propósito, así llegó Milo a la nuestra, Saúl tenía sólo once años y medio y David, seis años y medio, lo soñaron tanto como nadie puede imaginar, lo anhelaron y le esperaron pacientemente, pero yo también lo hice con ellos en silencio. Una vez estando en casa, lo abrigamos y lo acogimos con todo el amor que el nos inspiró desde el primer instante en que lo vimos. Pero antes se nos habían unido un par de tortuguitas a petición de David y que su abuela no tardó en complacerle, Sidney y Jake y así llegó otra más. Fue su primera experiencia como amos y “Responsables” de mascotas. Luego tuvieron pececitos y hasta adoptamos a un patico que encontramos sólo y lastimado a la orilla del lago en una de nuestras caminatas por el barrio, al que llevamos a casa y cobijamos hasta que podría valerse por sí mismo. 











 Y es imposible no mencionar a las tortugas y pajaritos que tras cada vacación a casa de sus abuelos en el verano a David su abuela le ha complacido y el peculiar pollo que su madrina tuvo que conseguir para él al no encontrar un pato chiquitico en los alrededores, já, já, já y bueno, dudo mucho que para cerrar con broche de oro, pero ahora tenemos la llegada de un par de pajaritos hermosos a los que David ha nombrado, Emily y Chipy y que no puedo dejar de admitir que son, verdaderamente adorables y aún en medio de la no aceptación de nuestro Milo hacia ellos y que tal vez nunca se dará, já, já David los disfruta enormemente, se dedica a ellos con vocación y pasión, está a su pendiente, comparte sus juguetes con ellos y aunque no puedo pasar por alto toda la responsabilidad que recae sobre nuestros hombros al tenerlos, es para mí un placer enorme ver a mis hijos respetar, disfrutar y amar a esos seres especiales que aunque no pueden hablar, expresan tanto porque su mirada es pura como su alma, porque no necesitan trabajar el perdón, pues es natural en ellos, porque son unos niños eternos, nos contagian con su alegría y nos dan su amor sin medidas.







Bien dice una vieja leyenda que: “Cuando un humano acoge y protege a un animal hasta su muerte, un rayo de luz guía su vida para siempre”.



Saúl y David, que bendición es poder compartir el amor y el respeto por los animales con ustedes y que a través de su amor hayan adquirido valores hermosos que les acompañarán para toda la vida.



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Desde siempre los animales domésticos han desempeñado un relevante papel en su relación con los niños y los beneficios que estos adquieren son tan importantes que cada familia dispuesta a asumir el compromiso de amor, atención y cuidados que requieren, debería considerar tener uno en casa (o varios, je, je).



Aquí cito solo algunos de los beneficios de tener un animalito en casa junto a nuestros niños:


  •           Contribuyen a estimular el desarrollo del lenguaje en niños y adolescentes. Será por esto que David habla tanto y yo también? Já, Já

  • Eleva su autoestima.

  •         Contribuye positivamente a modificar sus actitudes sobre sí mismos y el respeto y compasión hacia los demás.
  •         Ayudan a desarrollar la empatía y el sentido de responsabilidad.
  •      Disminuyen la ansiedad y contribuyen al autocontrol.

  •     Los motivan a disfrutar de actividades físicas y al aire libre.




Hasta la próxima!
 

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COMO LLEGA A NOSOTROS...



Era una tarde de verano, mientras hacíamos uno de nuestros ya acostumbrados recorridos por el barrio donde vivimos, Saúl y David montaban sus bicicletas y yo en compañía de una amiga caminaba más atrás. De repente vimos pasar frente a nosotras no a uno, sino a cuatro hermosos perritos a la velocidad de un rayo para tratar de espantar a los patos que descansaban, plácidamente frente al lago. Recuerdo que me causó una singular ternura verlos correr tan unidos y tan cómplices, tanto que enseguida me dispuse a entablar conversación con su dueña que más distante los observaba.

Llama mi atención enterarme de que todos eran suyos e incluso había uno más que había decidido no salir de casa esa tarde. Se trataba de la madre, el padre y los hermanitos, uno de los cuales me logra cautivar desde el instante que se acercó a mí. Fue amor a primera vista.

Saúl y David, los alcanzaron a ver y rápidamente fueron hacia ellos, quedando prendidos de ternura por el cachorrito del grupo, nuestro querido Milo.

Para sorpresa nuestra su ama nos externa que muy en contra de su voluntad lo estaba vendiendo, pues ya no podían quedarse con un perrito más en su hogar. Tan pronto mis niños escucharon esas palabras, sus ojitos se iluminaron y sus sonrisas se volvieron eternas.

No me cabe la menor duda de que en la vida nada ocurre por casualidad, nada pasa porque sí, todo tiene un propósito y llega en el momento justo, pues Milo llega a nuestras vidas en un momento muy especial y llega sin planearlo, sin buscarlo, pero lo encontramos porque DIOS lo puso en nuestro camino para colmarnos de tantas alegrías.

Tras todo un año de la imparable y juguetona vida de Milo, David me pregunta con toda la inocencia y la ilusión de un niño de 7 años, pero a su vez con la sabiduría e intención de que yo le respondiera lo que sus oídos ansiaban escuchar acerca de una fiesta de cumpleaños para su más fiel y dispuesto compañero de juegos. Y como ver a mis hijos disfrutar su infancia de la manera más alucinante es la mayor satisfacción que puedo tener como madre, sin pensarlo dos veces le respondí: Vamos a planear una fiesta para Milo!

Jamás había visto a David tan entusiasmado con una fiesta, tal vez ni en sus propios cumpleaños. Le compartió a todos sus amiguitos que su Milo tendría una fiesta de cumpleaños, pues sus mamas querrían crucificarme, ja, ja, ya que sus niños llegaron a sus casas pidiendo una fiesta para sus mascotas.

Dije: Manos a la obra. Y así di inicio a una de las cosas que más disfruto hacer, las manualidades, crear cositas monas que hagan más bellos nuestros recuerdos. Y claro, no podría dejar de mencionar cuan involucrado estuvo David en toda la preparación de la fiestecita. Debo confesar que hasta a mí me llenaba de gran ilusión celebrar a quien tanto nos ha celebrado a nosotros nuestras llegadas a casa después de horas de espera. Y a su vez sería la excusa perfecta para reunir a Saúl y a David con sus primitos y el motivo idóneo para comer rico y compartir una amena tarde en casa rodeados de familia e impregnándole a la vida un toque de alegría, diversión, intensidad, locura y amor para festejar y consentir a ese ser peludito que tanto nos brinda cada día. Te amamos Milo.

Moraleja: Vivir un poco como niños, nos alimenta el espíritu. Nada mejor que celebrar lo que nuestro corazón nos dicte celebrar siempre. DIOS bendiga el ingenio e inocencia de mi hijo.

Recorrido de Milo en su primer año.

















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