FAMILIA




Dar gracias...

Aquí en Estados Unidos, celebramos uno de los días que, personalmente pienso, es uno de los más bellos y emotivos de todo el año, así como de mayor significado, el día de Acción de Gracias.
Y si bien es cierto que agradecer a DIOS no es cosa de un día, sino de todos los días, me maravilla saber que contamos con ese día en especial para reunirnos entre amigos y familiares, tomarnos de las manos y juntos sólo dar gracias y sentir esa presencia de DIOS en espíritu.

El sólo hecho de despertar y asomarnos a nuestra ventana nos otorga todo un universo de motivos para agradecer y a través de ese sol brillante o de ese día gris nos invita a recordar que el agradecimiento es el camino perfecto para recibir las bendiciones de DIOS en nuestras vidas.

Definitivamente el día de Acción de Gracias es sin lugar a dudas uno de nuestros días favoritos del año, es un día que viene cargado de la más linda de las energías y las bondades, un día para decirle a DIOS gracias tantas veces como queramos y nunca cansarlo, un día para recordar que su amor es infinito y nos abraza para nunca soltarnos, un día para agradecer aún por las tormentas que se transformaron en calma, para abrazar a los nuestros y decirles también gracias por estar siempre ahí, para valorar las lecciones que se convirtieron en fortalezas, para mirar al cielo y con sólo una sonrisa apreciar las cosas que damos por sentadas sin detenernos a pensar cuan privilegiados somos al tenerlas, uno para recordar que la felicidad es más simple de lo que pensamos, aunque a veces nos empeñemos en complicarla, uno para ver el brillo en los ojos de nuestros hijos y ser ellos el más bello de los motivos para agradecer, es hacer un viaje a nuestros recuerdos más preciados y revivirlos junto a la complicidad de gente muy querida, al mismo tiempo es ver nuestra casa rodeada de mágicos y coloridos rincones que no solemos ver en todo el transcurso del año, ver nuestro hogar rodeado de colores de otoño, pero al mismo tiempo apresurarnos con ilusión a disfrutar del árbol de navidad con sus luces resplandecientes. Es reír, es compartir, es llenarnos de nostalgia y añoranzas por quienes se nos adelantaron en el camino y es por qué no, entrar en la cocina y permanecer horas ideando los más deliciosos platillos para celebrar la más gratificante de todas nuestras acciones de vida, dar gracias.

Y así transcurrió un día hermoso en el que fue DIOS nuestro principal motivo, en el que el pavo fue protagonista y los más ricos aromas impregnaron cada rincón de nuestro hogar, en el que sobraron las muestras de amor y los motivos para agradecer a DIOS su grandeza y sus bendiciones sobre nuestra familia.

Siempre gracias mi DIOS por tu infinito amor.



















De parte de nuestra familia deseamos que hayan pasado un día hermoso y que siempre puedan reconocer los motivos en sus vidas para agradecer a DIOS.





Siso, como si fuera el último día...

Sí, como si fuera el último día de tu vida siempre viviste, así de único y especial iluminaste cada momento con tu amplia sonrisa, con tus gestos cálidos de amor nos cobijaste y hoy no conmemoramos tu partida, más bien celebramos tu vida, una en la que apreciaste cada momento vivido y al mismo tiempo fue de lucha incansable, de entrega y devoción desmedida hacia cada miembro de quienes considerabas parte de tu familia y a quien te demostraba su amistad sincera. A pocas personas vi portar la lealtad con mayor compromiso que tú y del mismo modo, ejercer con inigualable disciplina todo cuanto hiciera. Fueron sin lugar a dudas las cosas que más aprendí de ti y llevaré conmigo siempre.

Hablar de ti siempre me resultará grato, pues son tantas las anécdotas que podría contar y que generan en mí no sólo una sonrisa, sino además los más bellos recuerdos. Cómo olvidar cuando durante mis años universitarios fuiste mi cómplice y mi mejor rescatista cada vez que llegabas a auxiliarme porque olvidaba poner gasolina a mi vehículo y siempre me decías: Zayrin, los carros no andan con aire. Pero sonreías. Cómo olvidar cuando amabas irte a dormir con las gallinas y apagabas las luces de toda la casa sin imaginar que para mí la noche aún era joven, cuando mis deseos y mis anhelos con tan sólo saberlos los hacías tuyos como el padre que busca consentir a su niña, cuando te empeñabas en ordenar mi cuarto a tu modo aunque luego me aseguraras que jamás lo habías tocado, cuando te vi ser feliz y pleno junto a tus nietos y recibir de ti los más sabios y bien intencionados consejos, hacer de tu yerno un hijo más y ver a mi esposo amarte y respetarte como un padre en toda la extensión que esa palabra encierra, ser partícipe de tantos momentos entrañables a través de mi vida, incluyendo ser padrino de nuestro primer hijo, como cada música vieja que te transportaba me acordará a ti y así, cómo olvidar cuando con incomparable risa ponías en dudas mis libras bajadas y terminábamos riendo juntos, cómo olvidar el más profundo amor profesado a mi madre, quien fue mucho más que la esposa que elegiste para compartir tu vida porque fue tu amiga, tu compañera, fue quien incontables veces prestó sus oídos para escuchar tu risa, pero también tu dolor, quien con amor, firmeza, pero sobre todo fe, vi seguir adelante sin rendirse.

Hoy que ya no estás entre nosotros pasas a vivir en nosotros porque es imposible dimensionar todo lo hermoso que compartimos, cada pequeño detalle que hiciste grande y valioso, así como cada gesto colmado de bondad incondicional.

Me diste tantas cosas, entre ellas la que más extrañaré… tu bendición cada mañana, una que sin lugar a dudas me alcanzaba, pero ahora soy yo quien desde aquí te bendice y continuará pidiendo a DIOS por ti por el eterno y más merecido descanso de tu alma.

No estás entre nosotros, pero en nosotros te quedas para siempre.

Te amo,

La hija que por amor acogiste.






Nuestro 4 de Julio…


Celebrar el 4 de julio en Estados Unidos es para nosotros mucho más que celebrar su independencia, es celebrar con admiración y entusiasmo la grandeza que este gran país no sólo alberga porque también trasciende. Visito este país desde que era una niña y siempre venia a pasar algunos días de verano, unos que coincidían con esta celebración, su colorido, su alegría y al mismo tiempo su alto nivel de consumo porque sus atractivas  ofertas suelen ser ofrecidas durante ese día e incluso en los días previos. Pero resulta inevitable negar la enorme connotación que esta fecha adquiere para nosotros como familia cuando nos reunimos a celebrarla y este 4 de julio pasado en lo particular resultó ser uno tan especial, pues coincidió con la estadía de mi mamá junto a nosotros y vivir esta fecha junto a ella, sin lugar a dudas la hizo aún más cálida.

Al despertar, Saúl y David nos escuchaban a su papá y a mí como cada año, decirles en alta voz y llenos de algarabía: Happy Fourth of July!!! Y con un licuado preparado por Jeff dimos inicio a nuestro día para consentirnos y llenarnos de toda la energía que un día como ese amerita, seguido por un toque mío muy personal para ofrecerles su desayuno y enseguida disponernos a preparar con entusiasmo toda la comida típica para festejar de la más deliciosa manera o bueno, casi toda porque en honor a la verdad, nos resulta inevitable incluir en nuestro menú comidas bien dominicanas, que con ese toque tan nuestro hacen aún más apetecible la celebración de ese gran día. Y más todavía cuando nuestros invitados resultan ser tan dominicanos como nosotros y otros absolutamente amantes de nuestra comida, pues hacemos lo posible por festejar siempre con un poco de aquí y un poco de allá, já, já. Así suelen ser todas nuestras celebraciones en casa, una mezcla de culturas que a menudo se entrelazan, sin desmeritar todas las festividades y la cultura del país que vio nacer a Jeff y a nuestros dos hijos y que colmados orgullo las enaltecemos y celebramos con el. Un país que acoge como lo ha hecho conmigo, un país de diversidades en raza e idiomas, que tantas veces son fuente de conocimiento y llamado de reflexión, respeto y tolerancia, un país que abraza cuando más lo necesitamos, que nos da la oportunidad de soñar y a su vez luchar por ver cumplir cada sueño. Llegué a vivir aquí por amor y por amor he aprendido a hacerlo mío y a hacerme parte, a celebrar y a solidarizarme. 








De repente en nuestro jardín se vio portar con orgullo la bandera de Estados Unidos y en nuestra casa se desplegaron todos sus colores. Entre David y yo nos dedicamos a decorar un rinconcito de nuestro patio de la manera más especial, recordando a cada momento la bendición de vivir en tierras de libertad.
















 Y así, entre un despliegue de colorido, risas, historias y comida rica, disfrutamos de este gran día y con las ansias de Saúl y David por ver iluminado el cielo que nos cobija nos dirigimos a un lugarcito al que acudimos por vez primera para disfrutar de un inigualable despliegue de luces, música solemne y fuegos artificiales y que no pudo gustarnos más porque como siempre estuvimos fascinados y agradecidos de poder deleitarnos con sus luces, pero en especial del gran significado de este día, uno que nos invita a unirnos, a abrazar y sobre todas las cosas a valorar.

DIOS bendiga a América!






Paseando…

Hace algunas semanas estuvimos en uno de los lugares más hermosos y relajantes que hemos visitado. Tanto que bien vale la pena compartir. En Morikami. Esta vez nos dirigimos a Delray Beach en el condado de Palm Beach, Fl para encontrarnos con esta maravilla que logró superar en mucho nuestras expectativas y al que de seguro un día vamos a regresar. Se trata de un parque, museo y jardín bajo la cultura japonesa que nos deleitó tras cada rincón que más allá de ver, alimentaba nuestro espíritu y nos hacía recobrar nuestras energías al respirar profundo y sentir ese aroma tan singular que sólo un lugar con tal vegetación puede regalarnos.

 
Sin lugar a dudas, visitamos este precioso lugar en la mejor época del año, donde la brisa, el verdor y colorido de la primavera se encontraban en todo su esplendor, lo cual hacia que ver y observar cada detalle fuera además de imprevisible, un verdadero agasajo para nuestros ojos. 

 
Cámara en mano nos dispusimos a caminar, permitiendo que cada espacio por si sólo lograra imponerse y sorprendernos y de repente sonreía al ver como lo que se hereda no se hurta, já, já y mi David se apropiaba de mi cámara para buscar capturar todo lo que consideraba digno de ser perpetuado a través del lente. Y he de confesar que era verme reflejada en ese espejo a cada instante.






Caminábamos juntos y de repente nos esparcíamos, pues cada uno quedaba atrapado por un escenario completamente distinto, los coloridos peces y tortugas en sus lagos, las enormes iguanas que veíamos cruzar como dueñas y señoras, ese delicioso olor a pino, los bonsáis más hermosos y variados, sus verdes pastos e imponentes aves, su famosa fuente de la juventud a la que cada visitante quería acceder, una pagoda en medio de lagos que recreaba cada detalle de la cultura japonesa y nos hacía aprender y adentrarnos en ella, así como el más relajante sonido del bambú golpeado por la brisa. Un lugar fascinante y digno de ser visitado.







Junto a nuestros niños y nuestra amada ahijada vivimos un día verdaderamente sereno e inolvidable, uno colmado de esa sensación de plenitud, con un imperante deseo de no hacer nada más que perdernos en todo lo bello que esa naturaleza nos regalaba. 
Y una vez finalizada nuestra caminata quedamos atrapados por los olores que provenían de un pequeño restaurante en tamaño, pero perfecto para cerrar con broche de oro un recorrido que culminaba con la degustación de la exquisita comida japonesa que tanto nos gusta.


 







Y sin dudas, al disfrutar de este tiempo juntos abrazamos uno de los  regalos más preciados que la vida nos concede y que siempre añoramos volver a repetir.

Hasta la próxima!


===============================================


El sentido de mi vida…

Quise cerrar esta semana haciendo una de las cosas que más disfruto hacer, entre tantas, escribiendo, dejando huellas que se vuelven imborrables con el tiempo y reflexionando al final de una semana llena de grandes contrastes, una en la que pasamos de la alegría y la euforia a la tristeza radicalmente, una semana muy distinta a la anterior en todos los sentidos, pero al mismo tiempo, una semana en la que pasamos de esos dolorosos momentos de despedida a los que al parecer jamás nos vamos a acostumbrar al agradecimiento más profundo a DIOS y que nos deja grandes cosas y es capaz de volver a dibujar en nuestro rostro una sonrisa. Y hoy me pregunto y reafirmo…

Qué da el verdadero sentido a nuestra vida? Esta es una pregunta de la que inequívocamente sabía la respuesta, pero hoy, tras haber compartido unos de los días más maravillosos de mi vida, puedo decir a plenitud las cosas que dan sentido a mi vida.

Contamos los días, las horas y los minutos hasta que finalmente vimos a la madre y a la abuela arribar por esa puerta y sencillamente, nuestra alegría no hubiera podido ser mayor. Nos besamos y nos emocionamos a través de un abrazo que quisimos hacer eterno, uno que sólo llegaba a confirmar que el vínculo que nos une hacia ella es tan hermoso que resulta difícil describirlo con palabras. Momentos más tarde, nos encontrábamos todos compartiendo nuestra mesa, dando gracias a DIOS por concedernos tanta dicha a su lado, por permitirnos disfrutar de su presencia y es que mi madre es una de esas personas que poseen una gracia natural para contarlo todo, para hacernos reír con su espontaneidad, para hacernos parte de sus historias con la calidez de sus palabras y es imposible no sentir la luz que nos irradia con su sola presencia. 

Los días a su lado siempre nos resultan muy pocos, si viene por meses o sólo por algunos días, pues tanto para ella como para nosotros, nunca resultarán suficientes. Pero esta vez creo que han sido, particularmente cortos y perfectos a la vez. Perfectos porque no existe nada más perfecto que los planes que DIOS nos concede y tiene para nosotros, perfectos porque re descubrí que junto a ella, Jeff y nuestros niños, la calidad del tiempo que nos dedicamos es lo que realmente importa. 

Despertar recibiendo sus abrazos, sintiendo el calor de los míos, estrechando lazos inquebrantables, deleitándonos con las anécdotas de una madre y abuela que nos lleva a revivir momentos tan preciados y otros insospechados, así como al mismo tiempo nos enriquece con sus enseñanzas, son las cosas que dan sentido a nuestra vida porque cuando estamos juntos lo tengo todo para ser feliz.

Fueron días de caminar juntos descubriendo algunas cosas y explorando otras, días de reírnos de nosotros mismos hasta las lágrimas muchas veces, días de hacer mucho y de repente desear no hacer nada y disponernos a disfrutar de nuestra compañía sin premura, días de aderezar nuestros momentos con conversaciones cada vez más maduras de nuestro hijo adolescente porque nada lo dulcifica más que el inmensurable amor de su abuela, días de celebrar sin cesar los años y el amor más hermoso en el que un día Jeff y yo  creímos y continuamos creyendo, días de cocinar junto a manos expertas y un libro abierto repleto de trucos y buenos consejos, días de palpar y conmovernos con las muestras de ternura de nuestro David, días de disfrutar de los inicios de una primavera que no deja de maravillarnos con sus colores y su brisa, días de compartir planes y muchos sueños, días de centrarnos en un hogar que es nuestro motor y principal fuente de inspiración porque en su amor encuentro el verdadero sentido de mi vida.

Los amo y siempre gracias por ser la parte más bella de mí.
Gracias mami por venir una vez más a colmarnos de dicha con tu presencia. 


Es esta la nueva foto que adorna mi sala junto a ti para alegrar mis dias con tu sonrisa.

Hasta la próxima!


-------------------------------------------------------------------------------------


Una tarde compartida…

Pasar una tarde en familia es para mí uno de los más sublimes placeres de esta vida prestada, caminar juntos, cuidarnos unos a otros al cruzar las calles y con cámara en mano procurar capturar mucho más que imágenes, es albergar el deseo de perpetuar momentos a través del tiempo y poder revivirlos al recordarlos.

 Nos aventuramos a visitar un lugar donde el arte urbano se conjuga con la imaginación infinita y la creatividad en todo su esplendor. Un lugar en el que descubrimos como lo sencillo se transforma en extraordinario, en el que corroboramos que el arte no sólo transforma, sino que también y por si sólo se impone y trasciende. Se trata de un lugar en crecimiento a pasos agigantados, pequeño y grande en promesas al mismo tiempo, uno en el que simulé sostener con mi mano como dieron inicio lo que es hoy día una de mis grandes pasiones y que mis manos han sostenido y cuidado durante tanto tiempo, pero sin lugar a dudas lo que hizo más especial nuestro recorrido y nuestra tarde fue la compañía que se nos unió, una prima-hermana que es más hermana que prima, que al mismo tiempo para nosotros es amiga, es tía y es madrina y que nos alegró con su presencia en casa. Con quien disfrutamos de largas conversas hasta quedarnos dormidos en el sofá, con quien reímos y disfrutamos durante días porque no existe nada más rico que poder compartir con familia y gente querida y juntos construir momentos únicos y vivencias que siempre llegarán a generarnos una sonrisa.

Aquí compartimos algunas fotos que ciertamente son y serán mucho más que eso, unas que harán de Wynwood Walls, nuestra tarde compartida.













Hasta la próxima!

############################################################


Inculcando tradiciones…

 Al aproximarse las fiestas navideñas e incluso un poco antes, escucharme encargar nuestros “Pasteles en hoja” con suficiente tiempo ya es una constante en casa. Los encargo a una señora de manos privilegiadas porque les quedan como a nadie y en honor a la verdad nunca me he dispuesto a hacerlos aunque si preparo casi todos nuestros platos típicos. 


Para los que no han tenido el placer de probar nuestros famosos pasteles en hoja dominicanos, no son más que una combinación exquisita de diferentes víveres, envueltos en hojas de plátano y un relleno de pollo, cerdo o carne de res. Mis favoritos, los de pollo. Y al comerlos los solemos acompañar de un toquecito de salsa de tomate (Ketchup) y/o picante. Podemos comerlos para un desayuno, almuerzo o cena, pero a nosotros nos encantan para desayunar tarde.


Cuando estaban más pequeños Saúl y David preferían no tratarlos, pero hoy día, son los primeros en sentarse a la mesa cuando me escuchan decir: HOY DESAYUNAREMOS PASTELES!

Lo cierto es que a pesar de que Jeff y nuestros hijos nacieron en este país y desde entonces han contado con el privilegio de ser biculturales, inculcar nuestras raíces ha sido prioridad en nuestro hogar, aman y disfrutan nuestra comida, nuestras tradiciones y aprecian nuestros esfuerzos para que así se mantenga, de hecho no sólo lo consideran un privilegio, sino también como algo muy divertido. Un día desayunamos Pancakes y otro día Pasteles en hoja e igual lo disfrutamos juntos. Lo mismo ocurre con las fiestas y dias especiales, buscamos la manera de siempre ser de aqui, pero tambien de allá.




La realidad es que no existe una fórmula específica para lograr que nuestros hijos hagan suyas y valoren nuestras tradiciones, pero en lo personal creo que nuestro corazón dominicano nos ha ido guiando y mostrando el camino para que Saúl y David respeten, amen y se sientan orgullosos de las raíces que nos unen e identifican.
Ojalá pudiéramos siempre ser fieles embajadores de nuestras raíces, idiomas y costumbres y al final disfrutar y enriquecer a nuestros hijos de la maravillosa diversidad que compartimos.


Felices días…

Hasta la próxima!



''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''


Un día compartido…


Dicen que cuando de diversión y pasarla bien se trata, los mejores planes, son aquellos que no se hacen, en los que la improvisación es la clave y eso fue exactamente lo que sucedió junto a otra familia querida que para nosotros desde hace mucho ya es parte de la nuestra.

De repente y sin pensarlo mucho, nos aventuramos a vivir un día de picnic en el que pudiéramos tener contacto con la naturaleza en todo su esplendor. Lo cierto es que cerca de nuestra casa contamos con muchos parques hermosos, pero hace algún tiempo ya habíamos visitado el parque que esta vez optamos por visitar nuevamente, recorrimos casi una hora, 32 millas para ser exactos, pero bien valió la pena para disfrutar del que fue un gran día en familia en un lugar que nos encanta y que a todos los que lo conozcan, les va a encantar, se llama C.B. Smith Park en Pembroke Pines, Fl. Es tan grande y tiene tanto que ofrecer que en cualquier lugar que uno se ubique parecería que tuviéramos el parque sólo para nosotros.




Al llegar encontramos un rinconcito hermoso a las orillas de un lago y rodeado de grandes árboles, (Siempre bromeo diciendo que no sé si los lagos me persiguen o yo los persigo a ellos, já, já) y tras encontrar unos bancos de madera en medio de la sombra que nos cobijaba y tanta brisa rica que nos impedía sentir el abrumante calor que solemos sentir en este tiempo, saqué un mantel a cuadros que les he de confesar, ha sido mi gran aliado para aportar un toque de decoración y colorido a tantos momentos vividos que atesoramos como parte hermosa de lo que hemos compartido.






Disfrutamos de un día en el que el clima confabuló a nuestro favor, más no podría pedirse. Un día en el que las bicis, las pelotas y la comida rica no podían faltar. Vimos a nuestros niños correr libres sin parar, inventar e improvisar juegos, perseguir iguanas, así como disfrutamos a nuestro Milo perseguir a los patos a sus anchas, sólo para verlos regresar al lago, mientras apreciábamos a las ardillas al adueñarse de cada árbol que trepaban y que nos llenaban de vida y energía al sostener pláticas que nos enriquecían.
 









Cansados de correr y de estimular de una u otra manera su curiosidad y sus sentidos al explorar, pero nunca cansados de aventurar, los niños pidieron dirigirse a un parque acuático que el parque incluye a un costo de entrada independiente (Paradise Cove) y allí culminaron refrescándose todo el resto de la tarde con la certeza de regresar pronto y de recomendar un plan que sin planearlo tanto disfrutamos. 






Así agradecí en mi interior todo eso que nos hace felices porque tanto para Jeff como para mí, nuestra realidad supera de la más linda manera nuestros más grandes sueños para formar una familia.

Hasta la próxima!


 '''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''''



De lo cotidiano a lo especial…

David con su gracia única y natural de ver la vida tiene la capacidad innata de inspirar y motivar en cada paso en su camino y a nosotros en casa no es la excepción.

Amanece como cada mañana, se pone de pie y todo se renueva para él. Realmente admiro tanto su manera de ver y sentir la vida que, calladamente suelo buscar contagiarme de su gran pasión por este regalo llamado vida del que se nos permite disfrutar cada día.

David es un niño que tiene la capacidad de transformar el día más común y corriente en uno muy especial y eso a todos nos encanta.

Desde muy chiquito, quizá desde los dos o tres años, hemos visto en él, el gusto por probar de manera aventurera tanto en casa como en los restaurantes, diferentes comidas, fusiones y texturas nuevas para él. Siempre digo que su paladar es atrevido y esto a él le causa risa.

En casa, David y yo compartimos genuinamente el gusto por la gastronomía, encontramos placer y complicidad no sólo al comer, já, já, sino también al cocinar para compartir nuestra mesa. Mientras Saúl y Jeff prefieren mantenerse un poco más al margen de la cocina (Aunque sólo para cocinar), já, já.

Pero en honor a la verdad y a ser justos, Jeff se ha ganado el título del gran chef de nuestros desayunos de fin de semana. Tanto que ya es nuestra cita como familia. Y en casa somos testigos de ver como disfruta crear, decorar y jugar con los ingredientes, mientras yo, Ssshhh… no tengo ni la más mínima intención de pelearme por ese título, já, já.






Desde hace algunas semanas atrás para David abrir sus ojos en un día de fin de semana es tan emocionante que pudiera compararlo como cuando recibe  un juguete nuevo. Es ahora él quien invita a su papá y prácticamente lo saca de la cama para preparar el desayuno para todos en casa.
Juntos planean, se organizan, David busca su banquito para poder alcanzar y estar literalmente a la altura de las circunstancias para finalmente poner manos a su gran obra. Además asegura que será una de las profesiones que tendrá cuando sea grande, ya que es una de las tantas que le gustan.




Definitivamente, Jeff es el más feliz de ver como David se ha unido a la preparación del desayuno de los fines de semana, uno que preparan con tanto amor y a su vez ha encontrado en esta aventura una manera enriquecedora y placentera de jugar, compartir, enseñar y educar de manera exquisita.

A pesar de las sonrisas que ven, ambos se tornan muy serios en su rol de chef y por momentos y como es natural también difieren y el chef mayor parecería perder un poco la calma, pero es tanta la voluntad que veo en nuestro pequeño gran chef que más bien procura ser él quien mantenga la paciencia y la tolerancia.

Mientras yo, sólo me limito a observar y en alguna ocasión les pido me permitan capturar una que otra imagen, a lo que algunas veces acceden y otras no, je, je, pero en realidad no quisiera interrumpir esos momentos tan preciados de convivencia entre padre e hijo.







Por nuestra parte, Saúl y yo, buscamos no quedarnos atrás y cooperar,  Saúl pone la mesa y yo aporto un poco de ornamentación a nuestra mesa para ser compartida. Lo cual también tiene su gran mérito.

Y felices, hambrientos e ilusionados por disfrutar y escuchar todas las historias que se contarán nos sentamos a compartir nuestro desayuno de fin de semana.

Gracias a nuestro chef mayor y a nuestro pequeño gran chef por hacer de lo cotidiano, los momentos más especiales. Porque es en momentos como estos en los que podemos comprobar que DIOS nos bendice cada día.

Con amor,

Su más auténtica admiradora. 






 ---------------------------------------------------------------------------------------------------------



A través de sus ojos…

Días atrás hicimos planes para asistir a uno de esos lugares que tienen su propio encanto y que brillan con luz propia, el circo. Jeff y yo asistimos con gran entusiasmo, queríamos pasar un buen tiempo junto a nuestros niños, disfrutar junto a ellos de esos tan mágicos momentos. Al llegar a la enorme e imponente carpa del circo saqué mi fiel aliada (Mi cámara), para capturar sólo unas pocas fotos de nuestra llegada, pero con la intención de guardarla para no sacarla más, mientras Saúl y David se disponían a ordenar sus palomitas, algodones (Cotton Candy), nachos, en fin, todo eso que se vuelve irresistible comer una vez pisamos un circo.




Al tomar nuestros respectivos y asignados asientos, David mostraba ansias por ver el espectáculo comenzar, mientras Saúl mostraba una aparente calma, ja, ja. Dieron inicio con la que fue, sin lugar a dudas la parte más emocionante del show para Saúl y para David y desde entonces sus miradas colgaban de todas partes. Como padres, no teníamos sólo un escenario frente a nosotros, sino dos, uno que nos maravillaba con momentos de gran emoción y otro que, sencillamente nos acariciaba el alma al ver a nuestros hijos tan unidos, tan compenetrados como hermanos, compartiendo momentos únicos, irrepetibles para ellos y para nosotros. Al observar como sus palmas no cesaban de aplaudir y como sus ojitos no perdían detalle de las proezas, los malabares y las carcajadas que los personajes despertaban en ellos.

De repente, me sorprendí con mi cámara en mano nuevamente, capturando recuerdos de esos instantes vividos en edades colmadas de esperanzas y de ensueños. Edades en las que ese brillo especial que denotan sus miradas, está cargado de sorpresa e ilusión.







Debo decir que disfrutamos ambos escenarios a la par, ninguno más que el otro y podría asegurar que al ver a nuestros hijos juntos no importa el escenario que tengamos frente a nosotros, así siempre será.

Fue hermoso constatar una vez más, nuestro calor, nuestra unión como familia y comprobar como lo realmente mágico de estos eventos es la capacidad que tienen de convocar, de reunir familia y hacernos pasar tan gratos y placenteros momentos juntos.


Disfrutamos tanto de esa tarde de circo que al final nos preguntamos si nosotros los llevábamos a ellos o ellos a nosotros, sencillamente porque su niñez y su inocencia evocan las nuestras.

Saúl y David, gracias por enseñarme una vez más a ver el mundo a través de sus ojos…

Mamá


-------------------------------------------------------------------------------------------------------

Nuestros días de escape…

Los niños lo habían pedido. En realidad ya lo necesitábamos. Unos días de escape como le suelo llamar a esos días en los que podemos romper con la rutina y las estructuras de todos los días, cambiando de aire, buscando el descanso, la desconexión y disfrutar de un tiempo de ocio, que justificadamente nos merecemos. El tiempo nunca se encuentra… se hace.

Esos días de escape son el tiempo idóneo para reforzar nuestros vínculos afectivos y a su vez una oportunidad única y divertida para poner en práctica todos los hábitos que diariamente inculcamos a nuestros niños, como la responsabilidad, el autocontrol, la solidaridad, la compasión, el trabajo en equipo y con ello afianzar nuestra convivencia como familia.

Como padres medianamente experimentados, Jeff y yo decidimos que llegado el momento Saúl y David tuvieran el factor sorpresa para así evitar morir en el intento, ja, ja. (Sé que muchos papás entenderán muuuuy bien lo que digo). Además soy amante por excelencia de las sorpresas gratas, disfruto darlas y recibirlas y ya mis niños se han acostumbrado a triplicar sus emociones al recibirlas. Sienten que es una de las mejores partes de pertenecer a esta familia, viven emocionados y a la expectativa y me encanta eso.


Definitivamente, es la mejor inversión en tiempo y esfuerzo que podemos hacer como familia. Son momentos que se graban en nuestras mentes para siempre y nos hacen valorar cada instante de manera tan diferente los niños y los papás.






Pudimos deleitarnos al ver a nuestros hijos compartir entre ellos momentos colmados de felicidad y ver tanto a Saúl como a David insistir en que cada una de las cosas que sus iluminados ojos percibían, sorprendían y admiraban, su hermano lo disfrutara en igual medida y no perdiera detalle de nada.




Los momentos de ellos como niños son juegos, entretenimiento, acción… En cambio nuestros momentos fueron vividos bajo un concepto distinto, bajo una lupa diferente que es manejada por nuestro amor de padres.



 
Verlos jugar con energía inagotable y explorar cada rincón de los parques bajo la mirada cómplice de nosotros fue sin dudas, uno de nuestros mayores placeres. Mientras conversamos acerca de estos momentos de plenitud que estamos viviendo como familia, que lo que comenzó como un sueño para nosotros hoy es parte de una bella realidad, colmada de momentos mágicos que al vivirlos, quisiéramos poder congelar para siempre. Y al verlos tan dichosos y tan libres, coincidimos en que no tenemos ni queremos planes para ellos, que solo aspiramos y conspiraremos juntos para apoyarlos a ser lo que quieran ser.




Conversamos plácidamente acerca de todo lo maravilloso que traen sus respectivas edades y agradecimos a DIOS cuanto nos permite disfrutarlos cada día. Al ver a Saúl con su nobleza, tan protector con su hermano, haciendo gala de entablar conversaciones cada vez más maduras y sensibles y de su forma cooperadora que a cada instante nos confirma que somos un gran equipo. Y ver a David con toda su curiosidad a flor de piel, con su ternura, su dulzura y una inocencia que lo lleva a abrazar la vida con todas sus fuerzas e ilusión y a iluminar el mundo entero con sus ojitos que expresan tanto.

Pasamos días verdaderamente hermosos junto a los protagonistas de nuestras vidas, entre sus risas, el correr y la fascinación de cada niño, cada padre, cada madre y cada abuelito convirtiéndose un poco en niño a nuestro alrededor y dejándose llevar por sus emociones sin prejuicios, sin miedos, solo dispuestos a permitir que esa energía inagotable los contagie y a disfrutar a plenitud de esos momentos.

Que bueno es saber que a través de mi cámara puedo capturar y conservar cada uno de estos momentos especiales que formarán parte de nuestros más bellos recuerdos.

4 comentarios:

nancy chandler dijo...

bellisimo este blog y las palabras que les pone con mucho sentimiento y amor lo hacen mas especial!!!

Zay dijo...

Gracias por leerlo con el alma.

Priscila De León dijo...

Hola! Me encantan tus publicaciones. Me alegra el saber que como familia y matrimonio ponen a Dios como el centro y como lo primero en sus vidas. Que Dios los siga bendiciendo. Saludos desde RD!

Zay dijo...


Gracias Priscila. Amén.
Un abrazo!